Enero 2017

Algunos mensajes de peregrinos que regresan a casa, con Tierra Santa en los ojos

A continuación les damos algunos testimonios de peregrinos que vinieron a los Santos Lugares y regresaron a sus casas enriquecidos por la experiencia del encuentro con Jesús.

Una experiencia única y fundamental para mi fe. 

Me voy feliz con la peregrinación hecha a Tierra Santa. En este semestre sabático en el que me encuentro, esta experiencia ha sido única y fundamental en mis deseos de renovación cristiana y religiosa. He disfrutado mucho con el grupo y especialmente con nuestra guía e inspirador espiritual: un testimonio sencillo y alegre de buen franciscano que ha confirmado al grupo en su gozo de ser parte de la Iglesia. (Y está muy bien que haya tenido a un jesuita a su lado para confirmarme que la humildad es muy importante cuando se trata de evangelizar.) Sus homilías en las eucaristías, para mi, han sido muy refrescantes al corazón en los lugares santos y he aprendido mucho de los comentarios que hacía cuando visitábamos éstos.

Me voy encantado de esta experiencia de peregrino en Tierra Santa. Es una gran gracia recibida de Dios.

 Pablo.

Guardo en mi corazón cada momento

Estoy agradecido de corazón por la atención que me han demostrado y por la acogida reservada durante la peregrinación. Guardo celosamente en mi corazón cada momento que he vivido en aquellos Lugares Santos.

Maurizio.

Un viaje después del cuál no se vuelve a ser la de antes

El entusiasmo que he vivido en Nazaret, desde donde partimos, en el Monte de las Bienaventuranzas, en el Lago de Tiberiades, en la ciudad de Cafarnaún donde Jesús vivió después de dejar Nazaret, en la Basílica de la Natividad, en el Santo Sepulcro, en la ciudad de Jerusalén, ha sido un crescendo de emociones y de “inmersión” en el espíritu de la fe en Cristo. Ahora todo lo que he vivido se encuentra ante mis ojos y recorro con la mente los lugares que visité: la ligera brisa que nos acariciaba en el Monte de las Bienaventuranzas, el recorrido por el lago Tiberiades pensando en Jesús cuando lo cruzaba, los madrugones para ir a la Basílica de la Anunciación, de la Natividad y del Santo Sepulcro, donde el momento más alto fue la misa en latín a las 5,30 acompañada por los cantos gregorianos y el órgano, e inmediatamente después, en presencia de poquísimos fieles, la visita al Sepulcro que fue más larga de lo habitual. Sin excluir el Monte Tabor que se asoma al valle de Esdrelon, tan verde y lleno de vegetación que la mirada se extiende inevitablemente por esta llanura y piensas en Cristo que veía todo esto y que recorría estos caminos.

El contexto social de estos lugares tampoco me ha dejado indiferente: los contrastes se perciben inevitablemente… Ahora el deseo es el de regresar otra vez para permanecer más tiempo en Jerusalén, que a causa de un infortunio no pude ver completamente. Pero estoy seguro de que fue una señal para tener que regresar. Animo a quien tenga ganas de realizar este viaje que lo haga con la fe, ya que después no se es el mismo, pero la certeza de que Dios nos acompaña durante el recorrido que ha establecido para cada uno de nosotros va aumentando junto con la certeza de que Cristo estuvo en esta tierra para perdonarnos y salvarnos.

Ángela.

Setenta años y el entusiasmo de regresar a Tierra Santa

Son muchísimas las emociones relacionadas con un viaje detrabajo y peregrinación a Tierra Santa, pero son todavía más si los viajes (5 en 2 años) los hace una mujer de setenta años como yo. Formo parte de un grupo de personas que han decidido unirse en asociación para ayudar a Tierra Santa, pero sobre todo a sí mismas, para poder crecer y aumentar su fe.Hemos trabajado en Nazaret, Cafarnaún, Magdala, Jerusalén, etc.

Cada uno de nosotros nos hemos sentido como María:una persona elegida.En mí hay una enorme gratitud hacia María, Madre especial a la que cada día nos hemos confiado y nos confiamos. Jerusalén entra en el corazón, te deja sin respiro, independientemente de la religión que seas, allí es impensable no rezar, no entregarse a la entidad en la que se cree.

Paseando por las callejuelas de Jerusalén te preguntas siempre lo mismo: ¿qué camino elijo? Elijo el camino que me recuerda el amor de Dios, elijo la esperanza, elijo recordar que en esta Tierra el Verbo se hizo carne y ¡ahora se encuentra entre nosotros! Elijo creer que en cualquier situación, incluso negativa, Dios está ahí. Y elijo la amistad de las personas que me recuerdan todo esto.

Alba.

El verdadero objetivo

En el 2011 tuve la posibilidad de participar en la peregrinación organizada por la Parroquia de los santos Pedro y Pablo de Lissone (Italia), guiada por don Pino Caimi (entonces, Custodio del Santo Sepulcro). La peregrinación tuvo como tema central la “historia” de la vida de Cristo, tema muy especial para mí. El recorrido por los sitios famosos en el mundo y por otros menos conocidos fue fascinante. Israel era para mí un mundo desconocido y la primera impresión fue la sorpresa de ver:

– un país muy desarrollado respecto a la joven edad

– panoramas insólitos: el verde seguido por el desierto, el Jordán y el Mar Muerto y… ¡Jerusalén!

CRISTO: era mi objetivo, yo había ido a Israel para conocer mejor su historia terrena. ¡Tuve mis confirmaciones! ¡Realmente Cristo pasó por estos caminos y lugares de Palestina! Antes ya estaba seguro, pero ver con mis propios ojos que todo lo que había leído, escuchado en la iglesia, de los familiares y amigos es historia, ¡me llenó el corazón de gratitud! Pero el verdadero objetivo era recordar cotidianamente a Cristo y me doy cuenta de que la compañía de la Iglesia, los hermanos, la catequesis y la liturgia son capaces de mantener viva mi Fe.

Michele.

Un encuentro que enriquece la peregrinación

Gracias de nuevo por vuestra disponibilidad, las palabras recibidas durante el encuentro con el grupo han enriquecido aún más si cabe, la belleza de la peregrinación. Os deseo un trabajo próspero, hasta pronto, vayan con Dios.

Fray Salvatore.

 

Celebrar los 25 años de matrimonio con un viaje a Jerusalén y con un gesto de solidaridad hacia los cristianos de Tierra Santa

“Cuando éramos novios viajábamos mucho e incluso después de tener los dos primeros hijos, cuando todavía eran pequeños.Después llegaron otros tres hijos y con ellos, nuevas responsabilidades, había cada vez más trabajo y por tanto, menos tiempo y menos dinero para el ocio y los viajes.Por lo que pasaron los años rápidamente pero intensamente, hasta que alcanzamos una hermosa meta:25 años desde el día de nuestro “sí” ante el mundo y el Señor.Una meta importante para dar las gracias sobre todo al Señor y coger nuevas fuerzas para la renovación del Sacramento.Un viaje.¡Sería muy bonito sobre todo para estar solos un poco!De esta manera, después de alguna dificultad de organización, obligaciones de trabajo que había que aplazar, los hijos, conseguimos aprovechar el puente de carnaval para partir hacia un destino muy deseado y digno de nuestro aniversario:¡Tierra Santa!

Fueron pocos días pero muy intensos, pasados con amigos que ya habían visitado antes aquellos lugares o que vivían allí desde hacía tiempo.Nos llevaron a los lugares más importantes con el deseo de ser testigos de una fe que en aquella tierra se hace cierta y más real y concreta.Al mismo tiempo, se toca con mano una realidad política y social, dándose cuenta de cuánto sea importante, y al mismo tiempo difícil, la presencia cristiana en aquellos lugares.Cuando tuvimos que regresar, en el aeropuerto, fuimos sometidos a controles muy severos y a tiempos de espera frustrantes.Pero sabíamos que esto no era lo más difícil, ya que dejábamos estos lugares que ya nos pertenecían y a los que pertenecemos por la historia que nos une a Jesús, a María y a los apóstoles.

Esta Tierra, sus perfumes y sus contradicciones se han quedado dentro de nosotros.Por lo que, cuando regresamos, en la fiesta con nuestros amigos y familiares para celebrar nuestro aniversario de bodas, les pedimos a todos que no nos hicieran regalos, si no que hicieran una donación para sostener la presencia cristiana en Tierra Santa.Con gran sorpresa para nosotros, todos adhirieron con gran generosidad.Por lo que nos unimos a nuestros amigos para enviaros esta donación junto con nuestra oración por esta tierra y por todo el pueblo cristiano.”

Bárbara y Gianni.

Treinta veces en Jerusalén para encontrarse con el “guardián del jardín” 

El próximo mes volveré por trentagésima vez a Jerusalén. Empecé a finales de los años 80 como peregrina y voluntaria en la ermita del Getsemaní.

Eran tiempos duros, no había todavía mucha gente, eran pocos los medios y un fraile lleno de entusiasmo por transformar una parte del jardín de los olivos en lugar de oración y paz. El trabajo era muy duro pero los tiempos de oración nos recargaban, como también ver cómo cambiaba el jardín gracias a nuestro trabajo. Pero también nuestro “interior” estaba cambiando, el “guardián del jardín” nos cultivaba desde el cielo, ¡nos cambiaba! Después de todos estos años puedo ver los frutos, la paz en el corazón incluso en las graves circunstancias de la vida y mucha fe. Ahora tengo 78 años, pero el espíritu todavía me incita a regresar, a ayudar, a dejarme “revalorizar” cortando las ramas secas que todavía brotan dentro de mí. Obviamente ahora no hago el mismo tipo de trabajo y estoy en otro lugar. Un monasterio silencioso me queda mejor. La tarea de planchar y coser me da tranquilidad interior y exterior. ¡Pero nunca lejos de Jerusalén! “Que se me quede pegada la lengua al paladar si me olvidara de ti, Jerusalén”. ¡Gracias Señor, gracias!

Mariangela.

Cafarnaún también es mi casa

Cafarnaún, una de las emociones más fuertes. Aquí se respira la familiaridad con Jesús, huésped de la casa de Pedro. Casa que se convierte en casa-iglesia, símbolo de la Iglesia que se convierte en la casa de Jesús. Hace diez años la emoción fue muy grande, ahora ha sido como regresar a casa.
Precisamente hoy, dando una vuelta con la moto por nuestras zonas, pasé por el lago dell’Accesa, y el pensamiento se fue al Lago de Galilea. Entonces jugué a encontrar las diferencias entre nuestras colinas y las que rodean el Lago; eran muchas: la vegetación, las propiedades de la llanura y las factorías en las cimas, después mirando el paisaje noté que los campos, que estaban recién sembrados o preparados para sembrar el trigo, me han hecho pensar en el pan y en Jesús, que con su encarnación nos ha donado la vida; las hileras de viñedos, ya amarillos, en cambio me han recordado que Jesús nos ha donado su muerte para que tuviéramos la salvación eterna; las colinas tapizadas de olivos me hablaban de Cristo, el Ungido del Señor y los rebaños que pastaban me recordaban al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Entonces me di cuenta de que no había tantas diferencias, porque también aquí se puede respirar la presencia del Señor y sentirlo cerca. La emoción regresó todavía más fuerte pensando que Jesús que fue huésped de Pedro, también es huésped de mi casa, se sienta a mi mesa, descansa en mi cama. Cafarnaún también es mi casa…y mi casa es Cafarnaún.

Hilaria.

Cuánta riqueza en estos días que hemos pasado juntos, compartiendo.

Otra vez regresamos de una peregrinación a Tierra Santa. Cuánta riqueza en estos diez días que hemos pasado juntos, compartiendo. Cada uno de nosotros absorbe un poco de la vida de los otros, la alegría sencilla de algunos, las emociones de otros, y la maravilla de otros. ¡Y este descubrimiento de una fe que estaba un poco dormida en el fondo de cada uno de nosotros! Y que se ha despertado y se ha ido enriqueciendo a medida que descubríamos los lugares, que leíamos textos, que participábamos en las celebraciones, en los encuentros que nos han permitido conocer la vida de este pueblo tan complicado. Diez días pasados fuera del mundo, y al mismo tiempo, inmersos completamente en este mundo complicado que es Tierra Santa.

Grupo de peregrinos de Limoges.

A Belén para adorar al Niño Jesús y a todos los nuevos Niños Jesús de esta tierra

Éramos cinco cuando partimos: Antonio, María Grazia, Lucia Samuela, mi mujer Carla y yo. El objetivo del viaje era visitar la casa Hogar Niño Dios de Belén, un instituto dirigido por las hermanas del Verbo Encarnado que asisten a los niños palestinos con graves discapacidades, para llevarles nuestra contribución económica, pero sobre todo teníamos el deseo de volver a abrazar a las hermanas y a los niños, y ver en persona el estado de avance de las obras de restauración del Hogar y de las necesidades más urgentes. Además, con nuestra presencia física, queríamos confirmar nuestra cercanía a los hermanos cristianos que están viviendo momentos difíciles en los Territorios palestinos. Tuvimos la suerte de dormir en la Casa Nova, el alojamiento para peregrinos dirigido por los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa junto a la Basílica de la Natividad, por lo que era muy cómodo para asistir a la Misa en La Gruta de la Natividad de las 6 de la mañana.

Después de adorar al Niño Jesús, era natural trasladarnos a unos cien metros de distancia hasta el Hogar, para visitar a los nuevos niños Jesús, pequeños palestinos rechazados por todos y acogidos y cuidados cariñosamente por las jóvenes hermanas.

Lo que más te toca del Hogar es el amor con el que cuidan de los niños, la sonrisa y la alegría que se ve en el rostro de las hermanas incluso entre tantas dificultades y momentos dolorosos. Hemos visto la pobreza de los pueblos palestinos, con las persianas de las tiendas bajadas, los terrenos sin cultivar y áridos por la falta de agua, hemos visitado los colegios y las guarderías dirigidas por los frailes y las monjas, que acogen juntos a los niños árabes, cristianos y musulmanes, educándoles en el respeto recíproco.

Los cristianos palestinos se han reducido a un pequeño porcentaje de la población, también en Belén, donde hasta hace algunas décadas eran mayoría, porque con las dificultades sociales y políticas, quién tiene la posibilidad emigra. Los cristianos de Belén viven principalmente del comercio con los peregrinos que, en los últimos años, después de la construcción del muro, está disminuyendo mucho.

Por lo que es importante para la supervivencia de los cristianos palestinos hacer la peregrinación a Tierra Santa. Pero una verdadera peregrinación no tiene que ser una visita rápida a los lugares sagrados, a las piedras pisadas por Jesús, si no que hay que emplear el tiempo también para visitar a las “piedras vivas”, es decir a los cristianos palestinos, a las parroquias, a los hospitales, a las escuelas, a los institutos dirigidos por los religiosos. También es importante para ayudar a los cristianos palestinos y favorecer la economía local, quedarse a dormir en Belén.

Franco.

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Si quieres contarnos tu peregrinación, tu encuentro con los franciscanos en los Santos Lugares y con las piedras vivas de Tierra Santa, escríbenos a info@proterrasancta.org 

 

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