“Descripción de la Tierra Santa” para promover el conocimiento documental de la historia cristiana en esta zona e informar sobre la experiencia de la presencia franciscana y sobre la obra que actualmente desarrolla la Custodia: un proyecto cuya finalidad es censar, archivar y conservar un patrimonio secular. Una iniciativa promovida por la Custodia de la Tierra Santa y ayudada por ATS Pro Terra Santa, su ONG sin ánimo de lucro que nace de la exigencia de apoyar no solo “las piedras vivas” de la Tierra Santa, sino también conservar las “piedras de la memoria”. Con el objetivo de valorar el patrimonio cultural archivístico, documental, histórico y artístico del cual los hermanos franciscanos de la Custodia se ocupan durante ocho siglos en nombre de toda la cristiandad. Con un deseo último: crear un moderno centro museístico cristiano en Jerusalén.

Emanuela Compri, arqueóloga y voluntaria de ATS Pro Terra Santa y Custodia de la Tierra Santa, trabajadora en el museo arqueológico del Studium Biblicum Franciscanum durante unos meses, describe su experiencia personal y su contacto con los repertorios y los archivos franciscanos.

“Cuando se une esta Tierra y la posibilidad de dedicar tiempo y capacidad, se abren infinitos espacios de encuentro. Y es gracias a uno de estos encuentros que en Belén, durante una cena, conocí a Daniela, una voluntaria de la Custodia que participa en el proyecto, ayudado por ATS Pro Terra Santa, de la catalogación de los repertorios del museo arqueológico del Estudio Bíblico Franciscano. Partí hacia Tierra Santa durante el mes de noviembre para pasar un año de voluntariado con el espíritu de espera y entusiasmo sobre toda la novedad que me estaba esperando. El tipo de servicio para el que partí hacia allí residía en mi preparación y en mi profesión, ofreciéndome la posibilidad de aprender y de medirme con nuevos ámbitos laborales. Pero como sabemos, la vida da muchas vueltas…y es así como aparecen nuevas ocasiones. Y así nos volvemos a aquella tarde de diciembre cuando conocí el proyecto del museo del Estudio Bíblico Franciscano, atrayendo mi interés repentinamente. Mi campo de trabajo es, de hecho, el arqueológico. Tras los años de estudio he continuado en este sector que viene a llamarse en la jerga laboral “arqueología de campo”, ya sea colaborando con la realización de excavaciones arqueológicas en contexto urbano y extraurbano, dando a conocer los vestigios antiguos o reconstruyendo fragmentos de historia de un pasado que nos pertenece a todos. La dedicación que los padres franciscanos han demostrado siempre hacia la tierra de Jesús les ha llevado a encontrarse entre los primeros pioneros de la arqueología de la Tierra Santa y en su museo se conservan no sólo los objetos encontrados, sino también el significado de los lugares que señalan el camino de cada peregrino. Tras algunos meses comenzó la posibilidad de dedicar tiempo de mi trabajo también para el proyecto de catalogación del Museo. Una ocasión única dentro de un recorrido personal ya madurado, desde una perspectiva de profesionalidad utilizada para continuar con esta tarea. El trabajo consiste en la compilación de una base de datos que contiene los datos de cada repertorio arqueológico y objeto conservado cerca del Museo que se encuentra en la primera estación del Vía Crucis a lo largo de la Vía Dolorosa.  Una catalogación destinada a la reorganización y remodelación de la exposición museística que proporciona al voluntario la oportunidad de ser testigos de un repertorio que de otra forma estaría encerrado bajo un cristal y así acceder a ese universo de conocimiento que se esconde detrás de cada objeto y que se  abre a una red infinita del saber. Se necesita constancia, curiosidad, pasión y paciencia porque “ser de la profesión” no quiere decir conocer todo el alfabeto, sino trabajar en la búsqueda de aquellas “letras” que todavía no se conocen, partiendo de las ya existentes. En este camino me acompañó un guía excepcional, el Padre Eugenio, que con una simplicidad y generosidad infinita pone a disposición de quien se acerque a él todo su conocimiento, porque como le escuché decir una vez: “la cultura es como el amor, cuanto más se convive con ella, más se multiplica”.

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El proyecto “Narrar la historia de la Tierra Santa

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