Diciembre 2018

Belén: después de 2000 años, la belleza y la simplicidad de un evento que cambió a la humanidad.

Todavía es tiempo de Navidad en Belén, toda la ciudad se ilumina para una fiesta y es limpieza general. Lo que una vez fue una pequeña ciudad en la parte posterior de una colina que mira hacia el desierto de Judá hoy en día es una gran ciudad que en su área general acoge, en el bullicio diario, a casi 200,000 habitantes. En el corazón del centro histórico, frente a la Basílica de la Natividad, entre las casas antiguas que se alzan los campanarios de las diferentes comunidades cristianas orientales, se enciende una fiesta que refleja las luces en la calle Star, el antiguo camino estelar que durante cientos de años ha sido el corazón palpitante de Comunidad cristiana de Belén y que traía peregrinos de Jerusalén a la Plaza Manger, frente a la Cueva Santa. Los antiguos patios y las suntuosas casas de piedra blanca, sin embargo, ahora están abandonadas, estables en el tiempo. Los ancianos, entre los pocos que quedan, cuentan una historia llena de recuerdos, fiestas, familias numerosas que hoy han emigrado debido al largo y exasperante conflicto. Docenas de tanques de agua se han ocupado de las hermosas terrazas de comunicación que dan al desierto o a la ciudad santa de Jerusalén para responder a la emergencia del agua y, a primera vista, atraer la atención de los viajeros y peregrinos que hoy visitan Belén. Pero las familias cristianas de Belén hoy deben buscarlas en otros lugares, desde Chile a los Estados Unidos, desde Europa a Australia: el conflicto ha dividido a las familias que han encontrado refugio durante años en otros países con pocas esperanzas de regresar a sus hogares. Entre los callejones, en las casas, en las plazas, entre las tazas de café o los humeantes cristianos y musulmanes, siempre han vivido relaciones de respeto mutuo y de convivencia pacífica. Hoy parecen estar preocupados (y quizás incluso un poco en riesgo) por todo lo que sucede externamente, y especialmente en los países árabes vecinos. Un testimonio concreto de este respeto y convivencia sigue siendo las escuelas de los frailes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa que ofrecen una propuesta educativa apreciada por la mayoría de los estudiantes musulmanes y sus familias.

Nosotros también de la Asociación pro Terra Sancta en nuestro compromiso diario, intentamos decirle esta belleza que a veces se pierde, pero sobre todo queremos estar cerca de aquellos que permanecen para proteger estos lugares. A quienes hoy, entre mil dificultades, dan la bienvenida a los peregrinos y les hacen sentirse como en casa, manteniendo viva la Eucaristía y la luz de la esperanza en esta tierra atormentada. La pequeña minoría cristiana es una presencia heroica en el complejo contexto actual del Medio Oriente. Una cercanía hecha sobre todo de relación y amistad verdadera, que nos hace sentir menos solos, menos minoritarios, cuando vemos las calles llenas de peregrinos cristianos.

Nuestra misión de caridad, de esta manera, trata de convertirse en un instrumento para servir a quienes más lo necesitan, pero sobre todo para buscar una amistad, una relación con alguien que tenga la necesidad y el deseo de estar con usted. Y la respuesta a una emergencia como el agua se convierte en una oportunidad para ir a buscar a alguien, apoyarlo en una necesidad concreta, como el acceso a agua potable limpia, pero sobre todo, crear una relación que le haga compañía.

Pero Belén es también para todos el lugar de la Esperanza, el lugar donde todos nacemos, un lugar favorito al que todos estamos vinculados y al que todos pertenecemos. Belén es nuestro hogar. No es un lugar distante, en un Medio Oriente difícil de alcanzar y con problemas de conflicto aún más difíciles de entender, sino un lugar íntimo que nos pertenece y un lugar físico al que pertenecemos. Al igual que los pastores vecinos o los Reyes Magos que vienen de muy lejos, salimos a la oscuridad del invierno, fascinados por una luz o una historia que nos lleva a una cueva para estar cerca de una familia y un niño que calientan nuestros corazones. Y así, hoy nuestra presencia en Belén quiere ser un gesto de cercanía con los demás y con las personas que a través de la caridad nos encontramos felices y ansiosos por revivir el calor de esa reunión en el mismo lugar donde realmente sucedió. Belén aún nos habla de la belleza y la simplicidad de un evento que cambió a la humanidad. Una historia que nos pertenece y que hoy estamos llamados a preservar.

Y feliz navidad!

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