Chicas en Tierra Santa: el servicio comunitario durante la pandemia

Amy Rodighiero24 septiembre 2021

El 6 de agosto Sara, Roberta, Chiara y Morgane aterrizaron en Jerusalén para vivir un año de servicio comunitario junto con Asociación Pro Terra Sancta. Todas ellas estarán comprometidas en los proyectos del área israelo-palestino. Tras algunas dificultades y retrasos debidos a la situación pandémica, las chicas pudieron comenzar su camino de apoyo a las actividades de la Asociación. La belleza desafiante de Tierra Santa las espera.

Sara, Roberta y Chiara trabajan cinco horas diarias en la oficina de Belén, y allí monitorean la evolución de los proyectos en que estamos involucrados. “De momento estoy redactando los informes para un proyecto de reestructuración”, nos explica Sara haciendo referencia a la casa de acogida de la Sociedad Antoniana, quien le aloja a su proyecto de referencia. Es una iniciativa de asistencia y apoyo a 30 mujeres consideradas frágiles de Belén, siendo ellas ancianas o discapacitadas. 

Roberta también realiza trabajos de estudio, siguiendo el proyecto de las BetWomen. Roberta nos cuenta que este proyecto les involucra a “cinco mujeres de Belén, quienes aprendieron a ser costureras”, y así pueden “dar un aporte económico a sus familias”. 

La tarea de Roberta es la de crear, junto con las mujeres beneficiarias del apoyo de Pro Terra Sancta, una nueva línea de productos para Navidad, que en Belén se vive de una forma especial. La finalidad, (nos cuenta la chica), es la de llegar a un mañana, “creando una cooperatva independiente y sostenible”. Roberta continua: “Me afecta mucho la voluntad de las BetWomen. Todas ellas tienen una vida domestica muy dura, pero su gana de participar las lleva a superar los obstáculos y volver a empezar con aún más creatividad”. 

En cambio, Chiara es la encargada de la comunicación, y sigue el proyecto de Belén de “Dar al Majus”. Dentro de ellos, estamos creando una “Community Home”, o sea un lugar para promover una nueva forma de alojamiento, que les permita a los peregrinos y turistas a integrarse en la vida de la comunidad local. 

En la tarde, las tres chicas que trabajan en Belén acuden a los centros de asistencia y allí realizan actividades de animación. Están muy afectadas por la estructura del “Hogar Niño Dos”, donde las monjas del Verbo Encarnado les acogen en su edificio a unos 30 niños y niñas discapacitados, y las jóvenes realizan animaciones para ellos. 

Chiara es la que nos cuenta con más entusiasmo que “los niños y los chicos del Hogar Niño Dios tienen una alegría de vivir y un cariño que te inundan”, ya que, sigue comentando Chiara, “su constante alegría te llena de buen humor incluso en los días más pesados”. El centro es una chispa de esperanza para estas niñas y niños, quienes, (sigue explicando la misma Chiara), “vivieron el abandono o la pérdida de sus padres, y la falta de cuidado y amor, al final en esta casa encontraron una nueva familia”. En Belén, el Hogar Niño Dios es la casa de los que nunca tuvieron una. 

También Morgane, (quien en cambio trabaja en Jerusalén), nos habla de la esperanza. “Mi trabajo, dice la chica, sirve para organizar las visitas a Tierra Santa para pequeños grupos de amigos o familias”: es algo que hoy más que nunca, tras dos años de parálisis pandémica, necesita un impulso renovado, y es un impulso que seguramente no les falta a las cuatro protagonistas de esta aventura del servicio comunitario. 

Cuando habla de su elección, mencionando la situación sanitaria, Morgane nos explica directamente que, a pesar de estar conscientes de que “hay que tener cuidado para proteger la salud de las personas”, las cuatro chicas se sienten “muy afortunadas por haber podido viajar y vivir esta experiencia”.

¡De hecho, es posible hacer el bien incluso en la crisis que estamos viviendo, más bien es aún más necesario!