Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento: la experiencia del Charity Work Program en Belén.

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Cuando Claudia se preparaba por el viaje a Tierra Santa, decidió no poner prejuicios o expectativas en su maleta, así que pudiera sorprenderse a todo lo que encontraba. Y “sorprenderse” es una de las palabras mas importantes de la experiencia que tres chicas, Sara y Claudia Viviana, vivieron en Belén, desde el 18 de julio hasta al 8 de agosto, gracias al Charity Work Program promovido por la Università Cattolica de Milan. El programa de promoción social y trabajo voluntario tiene como objetivo la promoción de las actividades de cooperación internacional en los países emergentes de todo el mundo; este año, por primera vez, se ha tenido también en Tierra Santa.

Las chicas se han puesto a disposición por servicios muy simples; como dice Sara “no podíamos pensar ser fundamentales a los proyectos en los que trabajábamos: es importante que la gente de aquí haga todo con sus fuerzas, nosotras somos un humilde ayuda temporanea!” Ayudar a una maestra de jardín infantil en su trabajo o a una monja cocinera: algunos gestos pequeños y muy simples, que pero entran en el vivo de las necesidades concretas de la gente que vive aquí.

Encuentro” es otra palabra clave de la experiencia de estas tres chicas. Fue una sorpresa por las chicas, que pensaban pasar un verano de duro trabajo. En cambio, en estas tres semanas, el servicio, los viajes culturales y los encuentros con la gente se entrelazaron continuamente. “Visitamos Nablus y Sabastiya, un oasis de Palestina, donde envolvimos el jabón hecho a mano por los artesanos y bajo la cuidadosa dirección de las chicas del Centro Nisf Jubeil pintamos objetos de cerámica. Visitamos Hebrón “, continúan las chicas, “donde se puede sentir la fatiga de una estrecha convivencia entre colonos israelíes y habitantes palestinos; paseamos en Jerusalén, un laberinto de calles y un conjunto de culturas y religiones diferentes, comimos en el desierto en la tienda de una familia beduina y admiramos el Mar Muerto desde una montana”.

Viviana, una estudiante de Ciencias Políticas, en el comienzo de su viaje sabía que tenía una maleta llena de conocimientos, pero gracias a las experiencias vividas, finalmente esta teoría se ha encarnado en realidad. “Este viaje, dice, era una manera de dar profundidad a lo que leí y estudié hasta ahora y de aprender como leer críticamente lo que escuché de la gente que conocí durante estas tres semanas.”

Entre los encuentros más significativos hay lo con la Badil, un centro de investigación para la residencia y los derechos de los refugiados palestinos, que contó con lucidez la historia reciente de Palestina; el encuentro con el testimonio de vida y de fe de la hermana Lucía, que en los últimos diez años ha trabajado al servicio del Caritas Baby Hospital de Belén; y lo con las monjas del orfanato de La Creche quiénes afectaron profundamente el corazón de las tres chicas. “La belleza de Belén es que aunque somos aquí por algunos días,” Sara añade, “casi siempre cruzando la calle encontramos a algunos de los nuevos amigos que hemos hecho aquí. Esto hizo nuestro viaje una experiencia llena de caras e historias.”

A maletas terminadas, listas para el regreso, entre los suvenires para los amigos y la familia, las niñas traen el deseo de continuar de alguna manera esta experiencia. Experiencia entonces, que no termina con el vuelo de regreso.