En Belén, un día típico de los ancianos en el centro de día de la Sociedad Antoniana

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A un paso del “chekpoint” de Belén hay un lugar que cuenta la esperanza y serenidad redescubierta para muchas personas. Las personas que van a él se encontraban en su vejez viviendo solas, con muchas dificultades de acceso a la atención sanitaria, con pocos recursos económicos para satisfacer las necesidades de la vida cotidiana.

Se trata del centro de día para personas mayores de la Sociedad Antoniana, que alberga tres veces a la semana, cincuenta ancianos. Se reúnen para pasar una mañana en compañía, realizar actividades de ocio, jugar a las cartas y hablar de tiempos pasados. Y para encontrar un poco de serenidad, la atención y el afecto de monjas y voluntarios.

Lunes, miércoles y viernes, por la mañana temprano, los conductores de la Sociedad Antoniana salen por las calles de Belén y van de puerta en puerta para tomar los ancianos pobres y solos de la ciudad. Algunos hacen un poco de estiramientos al aire libre, otros se divierten con “decoupage” o ganchillo, los hombres juegan a las cartas, y algunas mujeres también.

Los voluntarios locales e internacionales no escasean. Con ellos, además de la imaginación y la creatividad, se cultiva el arte de la danza: muchos ancianos bailando en la música tradicional palestina parecen rejuvenecer. “Hacen un salto que los trae de vuelta a cuando en su juventud participaban en las noches de danza folclórica. Tienen el ritmo en la sangre y se mueven mucho mejor que yo “dice Noor, una joven voluntaria local que cada semana va ayudar a las hermanas.

Cuando se está en ello, el tiempo vuela y después, un poco de ejercicio suave y algunos juegos de preguntas divididas en equipos; la hora del almuerzo llega rápidamente y es el momento de sentarse en el comedor para disfrutar de la excelente cocina de Sor Caterina.  Los voluntarios sirven en las mesas y se están pendientes de que no falte nada a huéspedes. Con frutas y dulces, se termina la hermosa mañana en compañía y los conductores, dispuestos al volante de los dos autobuses, vuelven a acompañar a todos a casa.

“¡Nunca falto! -cuenta Milade, una anciana del centro. “Algunos de mis hijos emigraron hace años, y con sus nietos. Otros viven en otras ciudades de Palestina, pero yo, aunque no tengo a nadie aquí, quería permanecer en Belén, donde nací y me crié, aquí tengo mis raíces. Estas tres mañanas a la semana son un soplo de aire fresco en mi vida de cada día de soledad. Paso el tiempo con otras personas mayores como yo que antes estaban solas, y ahora tenemos una nueva familia, la de Nadi, el centro de dìa”.
Ayude usted también a la Asociación Pro Terra Sancta para apoyar el trabajo de la Sociedad Antoniana de Belén. Con los fondos recaudados se pretende hacer frente a las emergencias más inmediatas relativas a la adquisición de equipo médico y medicamentos, así como apoyar los costes fijos de mantenimiento del centro de día.