Nuevos trabajos para la cuadrilla de operarios en la Ciudad Vieja de Jerusalén: la misión de la Custodia de Tierra Santa se renueva bajo el sello de la continuidad

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En el complejo de San Salvador de Jerusalén, la sede principal de la misión de la Custodia de Tierra Santa, avanzan a buen ritmo los trabajos para la recuperación de los antiguos espacios del convento franciscano y para darles una nueva función. Además de la restauración de las casas de los cristianos de la Ciudad Santa, el equipo de trabajadores está llevando a cabo la reestructuración de los espacios en los que se ubicará la nueva lavandería. El trabajo se ha centrado en la construcción de nuevas instalaciones, en la implantación de nuevas máquinas, en la restauración y renovación de las estancias, bajo la dirección y la supervisión permanente de la Oficina Técnica.

 Gracias a las enseñanzas de los frailes franciscanos, en estos mismos espacios los jóvenes cristianos aprenden y ponen en práctica las técnicas más nuevas de producción y labores manuales en diferentes campos. Desde 1850, el convento de San Salvador llegó a albergar hasta once oficinas activas: tipografía a partir de 1846, carpintería, ferrería, organera, zapatería, molienda de cereales y cocina de pan, así como laboratorios para la producción de mobiliario sagrado, decoración y manutención de conventos, incluso cincografía, desde 1938, y galvanoplastia, desde 1946. Entre estas características, aparte de la de manutención de los conventos, sigue siendo hoy activa sólo la tipografía, ahora en otra ubicación.

Hoy, como entonces se necesita hacer frente a las dificultades sociales y económicas de los cristianos locales: educar y enseñarles un oficio para que puedan ser autosuficientes a sí mismos y cuidar de su familia. Es, por tanto, bajo el sello de la continuidad que la Custodia franciscana y la Asociación pro Terra Sancta promueven la capacitación y contratación de mano de obra propia especializada, dentro del proyecto Jerusalén, Piedras de la Memoria, con el objetivo de restaurar y conservar los edificios en la Ciudad Santa de Jerusalén.

Proviniendo en su mayoría de zonas difíciles, como Ramala y Belén, los trabajadores se ocupan a diario en grandes labores de restauración, así como en muchos pequeños trabajos de mantenimiento ordinario. Entre otros, sólo en las últimas semanas han contribuido a la instalación del nuevo órgano dentro del Santo Sepulcro, con la asistencia de un equipo de la empresa austriaca Rieger Orgelbau. Cada parte del instrumento, incluyendo algunos muy delicados, como las cañas o la consola, se trasladó manualmente desde el convento de San Salvador en el interior de la Basílica.

En sustitución del de la empresa italiana Tamburini, el órgano fue instalado en la pared frente al altar de María Magdalena, en el coro existente. Desde mediados del XVII, el órgano acompaña las procesiones diarias y liturgias de los frailes franciscanos en el Santo Sepulcro: tan profundo es su afecto hacia este instrumento que, entre las oficinas, había una vez activo un taller organero en el convento de San Salvador de Jerusalén, especialmente dedicado a la construcción y mantenimiento de los numerosos instrumentos de cada convento.

El proyecto consiste no sólo en ayudar y formar a la población local, sino también tener un control efectivo de los trabajos en cuestión, tanto desde el punto de vista organizativo como de ejecución. Tener una mano de obra confiable y cuidadosa es de importancia fundamental para las intervenciones en lugares tan importantes y delicados.

Los espacios así como la misión de solidaridad de la Custodia hacia la comunidad local se renuevan, adquieren nuevas formas bajo el sello de la continuidad, mantenimiento estable el espíritu  franciscano de los orígenes.