Rebuscando entre revistas viejas se descubre la historia de la Custodia de la Tierra Santa

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El trabajo en la biblioteca de San Salvador no finalizó con la inauguración de la nueva sede. Al contrario, precisamente desde ese momento han comenzado, gracias a ATS pro Terra Sancta y dentro del proyecto “Libros, Puentes de Paz”, actividades para ofrecer a todo el mundo la riqueza de los volúmenes de la Custodia de la Tierra Santa.

No se trata tan sólo de libros, misales o manuscritos, sino que hay un gran número de revistas y periódicos a disposición del público, tanto de números recientes, para mantenerse al día, como de ejemplares amarillentos del siglo XIX que nos permiten abrir una ventana al pasado.

Durante tres meses Nicola, voluntario de ATS pro Terra Sancta, está ofreciendo su contribución a la biblioteca poniendo orden a esta sección, que es quizás menos generosa en cuanto al número de antiguos ejemplares de incunables o cinquecentinas pero no por ello es menos interesante o menos rica en matices. En el poder de la biblioteca se encuentran de hecho más de 500 títulos diferentes que tratan de múltiples temas, como el derecho canónico, franciscanismo, ciencias humanas, geografía, patrística, misiones, teología o historia. También son muchas las revistas específicas sobre la Tierra Santa en muchos idiomas diferentes, que llevan noticias de estas tierras a lugares de todo el mundo.

Nicola nos cuenta, entre cajas y estanterías: “aunque por un lado puede ser fatigoso intentar poner en orden cronológico una revista con alfabeto árabe, hebreo, armenio, cirílico o griego, por el otro es un ejercicio personal útil para comprender mejor el alma multifacética de Jerusalén. A veces es difícil resistir la tentación de abrir las páginas de una revista misionaria de hace más de cien años y observar las fotografías de barbudos franciscanos rodeados de beduinos en una pose escultural o pasar un buen rato con los anuncios publicitarios de principios de siglo XX”.

Escribía Milan Kundera en su libro “La insoportable levedad del ser” que “todo es iluminado por las luces del pasado”. Nicola puede atestiguar esto y añade: “durante mi experiencia aquí he llenado mis ojos de realidad y de presente, pero he tenido y estoy teniendo la fortuna, en la biblioteca, de excavar detrás de las luces del pasado, siguiendo la tradición secular de la Custodia que no debemos olvidar nunca. Jerusalén es ya de por sí maravillosa, pero vista bajo esta otra luz se hace más bella aún”.