Santo Sepulcro: nueva protección para los frescos de la capilla de la Invención de la Cruz

Situada debajo de la capilla de Santa Elena, la capilla de la Invención de la Cruz es el punto más profundo de la Basílica del Santo Sepulcro, donde, según la tradición, la emperatriz Helena encontró la cruz de Cristo, junto con clavos y el titulus, el letrero que informaba de la condena en tres idiomas.
Ahora, una nueva protección permite a miles de peregrinos, que cada día descienden a la capilla, ver algunos de los frescos del siglo XII que en ella se conservan. Se trata de una intervención enmarcada en el proyecto “Santo Sepulcro: el Centro del Mundo“, con el apoyo de la Asociación pro Terra Sancta y que tiene como objetivo preservar y mejorar este lugar, el centro de la cristiandad.
Las paredes de la capilla conservan rastros débiles de frescos, muy deterioradas por la humedad, el humo de las velas y el trascurso de los siglos. En los años 70 se construyó una protección para evitar que la veneración de peregrinos hiciese aún más daño a estos frescos; protección que ya estaba deteriorada y que  tenía dos problemas fundamentales: no permitía una adecuada ventilación de la pared y dificultaba la limpieza al otro lado de la barrera.
A petición del Custodio de Tierra Santa, la Oficina Técnica de la Custodia recogió numerosas propuestas y, después de evaluar las distintas opciones, coordinó la ejecución de la propuesta de proyecto realizado por el Ing. Filippo Stoppa de Padua, considerada por la Custodia de Tierra Santa como la más válida.

La estructura de acero inoxidable, con iluminación integrada, fue suministrada por la empresa alemana Q-Railing, e instalada por técnicos de la Oficina Técnica de la Custodia y por voluntarios de la Asociación Romano Gelmini. Por otro lado, las paredes de vidrio fueron suministradas e instaladas por un artesano local, Amer Kawasmi, que desde hace tiempo colabora con las actividades del proyecto “Jerusalén, Piedras de la Memoria“, con el apoyo de la Asociación pro Terra Santa.
La capilla es ahora muy distinguida y la nueva protección, además de ser estéticamente agradable, permite una mayor ventilación de los frescos y la fácil limpieza y mantenimiento de toda la zona.
El Santo Sepulcro requiere restauración y mantenimiento continuo.

Ayuda a los franciscanos de Tierra Santa a conservarlo para los fieles de hoy y para las futuras generaciones con una donación.

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