Servicio Civil al final: el cuento de Giuseppe

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Esta semana termina la experiencia de Servicio Civil para los cuatro jóvenes italianos que, en este año, han sido involucrados en diferentes maneras en los proyectos de ATS pro Terra Sancta, gracias a un acuerdo con la Universidad de Bari. Pusieron en juego sus competencias y sus conocimientos, pero, sobre todo, aprendieron mucho, y regresan a casa enriquecidos por una experiencia humana y profesional única. Sigue el cuento de Giuseppe Schiavariello, involucrado en el Museo Arqueológico del Studium Biblicum Franciscanum, en el ámbito del proyecto “Narrar la historia de Tierra Santa”.

Cuando se va a Jerusalén se llora dos veces: cuando se llega y cuando se sale. Esta readaptación de la más célebre frase de la película “Bienvenidos al Sur” puede servir para explicar de manera muy sintética la finalización de un año de servicio civil en Israel. Partí con mucho gozo, consciente que los meses en Tierra Santa me habrían llevado bellas y agradables novedades, pero no se puede esconder el mucho miedo que tuve en enfrentar este viaje: una nueva casa, nuevas personas “ajenas” con las cuales debía vivir por tantos meses… ¿Aguantaré? ¿Será todo bello? ¿Encontraré problemas, peleas?

Luego, los meses han trascurridos entre altos y bajos, pasando del calor al frío, más bien, ¡terminando con la nieve! Y sin darme cuenta ha llegado también la fecha de regreso a Italia, un regreso definitivo que ha traído muchas lagrimas, una inmensa aflicción ligada al hecho de dejar esos lugares y esos amigos. Han sido meses intensos, difíciles de resumir y de describir en pocas palabras: las emociones y las experiencias vividas, las enseñanzas recibidas, los muchos pensamientos madurados serán por siempre parte de mí, serán un bonito recuerdo que la Tierra Santa me deja y constituirán un punto fijo desde el cual empezar ahora, a mi regreso a Italia.

Las imágenes de los lugares, el calor de las personas que encontré, los rostros de los amigos que conocí en los meses de vida en Israel, me acompañarán siempre y constituirán sin duda un recuerdo agradable en los momentos en los cuales la nostalgia hacia aquellos lugares y aquellas personas me llegará. Espero poder regresar un día a Jerusalén y volver a vivir, junto con los amigos que he encontrado allá, otras aventuras entusiastas”.