Un cuento de otra Jerusalén. Cómo el virus cambió la ciudad que conozco.

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La Jerusalén que veo en estos días es muy diferente con respecto a la que me acogió hace tres años al empezar mi camino como volontaria de Asociación Pro Terra Sancta. Las calles alegres y coloreadas de la ciudad vieja, que le habían llamado mucho la atención a mi curiosa mirada de jóven europea que por primera vez viaja al Oriente Próximo, ahora están vacías y llenas de silencio. No se ven los colores de los tejidos, los sabores de las especias, los gritos de los vendedores que intentan llamar la atención del turista fascinado por la alegría y el ruido del suk, para que él entre a su bodega. No hay peregrinos que rezan subiendo por la Vía Dolorosa, recorriendo el camino que hizo Jesús hace 2000 años con su cruz. El Santo Sepulcro, que antes era el centro y el espejo de la humanidad, está vacío, tal como lo encontraron las mujeres que corrieron a la tumba para ungir el cuerpo de Cristo con aceites y aromas. Es una visión privilegiada y llena de memoria que pocos vieron a lo largo de siglos, hay una calma que permite reflexionar y rezar, pero que le quita a Jerusalén su atractivo, o sea su gente. El multiculturalismo y la posibilidad de ver el mundo llenar las calles de esta ciudad antigua es lo que siempre me impactó. Es muy importante ver la humanidad construir la historia de cada día como hicieron en el pasado los romanos, los bizantinos, los cruzados y los ottomano, y éste para mí es el gran misterio de Jerusalén y de los pueblos que allá viven.

Desde que se difundió la pandemia todo cambió tanto en Jerusalén como en todo el mundo. La ausencia de los turistas y peregrinos, cuyo número creció mucho en los últimos años, se siente sobre todo a nivel económico y también en la situación de la ciudad. Todas las actividades relacionadas con el turismo están paradas. Muchas personas perdieron el trabajo o corren el riesgo de perderlo.

Desde siempre Asociación Pro Terra Sancta incluyó entre sus proyectos el turismo responsable, siendo socia de la Asociación Italiana de Turismo Responsable (AITR), e intenta promover un turismo basado en la experiencia y que sea un turismo sostenible relacionado con los Lugares Sagrados de la Custodia de Tierra Santa, junto con los proyectos realizados en el territorio. Cuando a principios de marzo la Tierra Santa les cerró sus puertas a turistas y peregrinos, nosotros como Pro Terra Sancta, tuvimos que buscar otras maneras de hacerle llegar la Tierra Santa a toda la gente que le ama muchísimo a aquella tierra.

Lo hicimos a través de vídeos e imágenes de los lugares y de las misas, mostrando a nuestros sostenedores la Tierra Santa en la época del Covid-19. Una serie de encuentros en línea donde participaron muchas personas les involucró a muchas personas que trabajan en la Tierra Santa y que cada día siguen adelante a pesar de la pandemia. Carla Benelli nos contó los avances del proyecto”Betania Acogedora”, a pesar de las dificultades debidas a los bloqueos. Vincenzo Bellomo mostró en la pantalla el fuerte malestar de los habitantes de Belén y las acciones llevadas a cabo para luchar contra la crisis y ayudar a los más necesitados. Hablamos de Siria y Libano con los frailes de la Provincia San Pablo, de migrantes con el Hermano Luke de Rodi, de colegios con Padre Mario y el Guardían Padre Patton quiso mandarles un mensaje de esperanza a todos los fieles.

El elemento común de estos testimonios es una gran fuerza alimentada por la fe y en la Providencia, que es una enseñanza valiosa que apreciaré cuando pase la emergencia sanitaria. Enfrentar los retos buscando nuevas ideas es lo que más me enseñó el trabajo en una organización no gubernamental. Ofrecer la creatividad como servicio para los demás nos ayuda a encontrar nuevas formas de enfrentar las necesidades, como por ejemplo el curso de italiano para extranjeros organizado en la Guesthouse Dar Mamilla. La nueva guest-house (casa de acogida) tuvo que interrumpir muy temprano sus actividades debido a la falta de turistas. Por lo tanto, los espacios vacíos llegaron a ser el lugar favorable para el curso. Veinte personas de toda edad, disfrutando de una época en que su trabajo está parado, aceptaron nuestra propuesta, queriendo aprender cosas nuevas y adquirir más conocimientos, esperando tiempos mejores y el regreso a la Jerusalén que todos conocemos.

 

Camilla Cantore