En Gaza, la tormenta inicial ha pasado, pero no ha comenzado ningún trabajo de reconstrucción. Las estimaciones oficiales hablan de más del 80% de destrucción, pero la entrada de materiales esenciales como cemento, hierro, madera o vidrio sigue bloqueada, impidiendo cualquier reparación de los daños.
La población vive literalmente en la nada, adaptándose a residir sobre las ruinas o dentro de tiendas de campaña compradas a precios exorbitantes debido a una especulación despiadada. En este escenario dramático, incluso la acción más ordinaria se ha vuelto dificilísima: falta la electricidad, los bancos están arrasados y la total escasez de efectivo se suma a una hiperinflación espantosa, donde incluso un simple encendedor de plástico para quemar madera y calentar la comida puede costar 70 séqueles (unos 20 euros).
La Parroquia de la Sagrada Familia
En este desierto de escombros y especulación, los religiosos de la parroquia latina se han quedado al lado de la comunidad. La estructura está cerca de la línea militar, rodeada de constantes tensiones, pero sigue siendo un salvavidas para todo el barrio:
La escuela reabierta: La mayor apuesta es la reapertura de la escuela parroquial. 460 alumnos, tanto cristianos como musulmanes, han vuelto a las aulas. Conseguir lápices y cuadernos sigue siendo muy difícil.
Energía y conectividad: Con los paneles solares destruidos casi por completo, la parroquia gasta sumas exorbitantes en diésel (10 € por litro) solo para garantizar una electricidad mínima y las comunicaciones.
Acceso al agua: Mientras las alcantarillas destruidas contaminan el agua pública —provocando epidemias de disentería e infecciones cutáneas entre los niños—, la cisterna subterránea de la iglesia sigue calmando milagrosamente la sed de miles de personas.
Una red de atención
Para responder de manera eficaz a la emergencia, trabajamos en red con socios locales, una sinergia que permite optimizar la logística y distribuir ayuda humanitaria dirigida directamente a la población más vulnerable.
En este contexto se enmarca la colaboración con Atfaluna Society for Deaf Children, iniciada en 2024, a través de dos intervenciones específicas centradas en salud, nutrición y apoyo psicosocial. La primera garantiza servicios de rehabilitación y asistencia psicológica a niñas y adolescentes con y sin discapacidad, integrando la entrega de dispositivos de asistencia. La segunda se enfoca en la respuesta sanitaria y nutricional, asegurando el acceso de las familias a atención médica esencial, actividades de educación para la salud y la distribución de apoyo nutricional de emergencia. Este esfuerzo conjunto ha permitido llegar a unos 1.000 beneficiarios directos, entre ellos niños, adolescentes, ancianos, personas con discapacidad y mujeres embarazadas.

Paralelamente, colaboramos con Cáritas Jerusalén desde 2024 en intervenciones especializadas dirigidas a la recuperación motora y la autonomía física de quienes han sufrido heridas graves a causa del conflicto. A través de esta actividad, se realizan evaluaciones clínicas especializadas para la producción y distribución de prótesis personalizadas para personas amputadas, así como dispositivos ortopédicos a la medida para los niños heridos. El proceso incluye ciclos de rehabilitación física, esenciales para reducir el impacto de la discapacidad a largo plazo, y ya ha garantizado una ayuda concreta a unas 200 personas.











